Charlotte Sins cambia de look más rápido que de tanga, pero su atractivo permanece intacto. Le gusta venderse como la hippie zen amante de los animales, pero luego en escena se marca un anal digno de Evil Angel que te deja viendo las estrellas. Comenzó en la webcam, mirando cómo lo hacían las mejores para luego montar su propio chiringuito. Al final, la lógica se impuso, si vendía vídeos caseros, ¿por qué no hacerlo a lo grande? Y vaya si lo hizo. Entre 2020 y 2021 rodó más de cien escenas, esquivó la pandemia como si nada y, después de mandar al ex a paseo, pasó del sodtcore al hardcore. El Maestro Claudio y Mike Adriano le tiraron flores, y con razón. 1,75 m de mujer elegante moviéndose como si su columna fuera de goma y sin perder nunca la cara de “yo solo pasaba por aquí”. Fuera de cámara disfruta de una vida con cero tabaco, cero carne, rutas de montaña, yoga emocional y un amor desatado por su perro y su caballo. Veganísima, lectora voraz de Ellen Hopkins y con unas nalgas que, según dice, se volvieron más redondas gracias a la naturaleza.
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