Laynee James llegó a su primer casting porno creyendo que lo más íntimo sería soltar sus guarradas entre sollozos y confesiones. Es decir, si se masturbaba, si le gustaba morder la almohada, ese tipo de cosas. Pero nadie le avisó de que la prueba de fuego iba a ser delante de las cámaras, con un rabo en la boca. La cara que se le quedó cuando le dijeron «quítate la ropa, ponte de rodillas y trágatela entera» era un poema; una mezcla de sorpresa, vergüenza y un puntito de «bueno, ya que estoy aquí…». Dudó unos segundos, pero la calentura o la necesidad (o ambas) pudieron más. Lo cierto es que la chica se aplicó, y cuando terminó con la jeta llena de leche, parecía la Mona Lisa versión porno.
—¿Qué nota te pones? —le preguntaron.
—Un 7 —dijo ella, modosita.
El entrevistador, que no es tonto, le soltó, «Toma un 9″. Y ahí salió la sonrisita de orgullo. ¿Por qué no un 10? Pues porque la niña no quiso abrir el rosco. Vamos, que dijo que por el culo no.Y entonces llegó la charlita paternal: *»Mira, nena, si quieres ser famosa, cobrar bien y estar en la élite, el culo no es una opción, es un requisito». Laynee asintió, tragó saliva y se fue a casa con el mensaje grabado.
Ahora solo queda esperar para que en su próxima escena haga los deberes, abra bien el portón trasero y por fin se gane ese 10. Porque en esto del porno, ser aventurera está bien, pero ser rentable es mejor (casting sustituido por otro similar, que incluye un creampie).
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