Durante años, el porno en realidad virtual prometía el oro y el moro, pero acababa siendo como pajearse con gafas de bucear. Ahora parece ser que la industria se ha puesto las pilas. Las cámaras graban en 8K, las gafas pesan menos, y ya no hace falta ser ingeniero de la NASA para ver un vídeo. Incluso hay juguetes conectados que vibran al ritmo de lo que ves. El problema sigue siendo el mismo, es decir, grabar en VR es bastante coñazo. Los actores y actrices tienen que mirar fijamente a la cámara como si fuera tu cara, simular que te susurran al oído y aguantar posturas de mierda porque el sustituto virtual no puede moverse. Pero lo gordo viene ahora: una mezcla de VR con IA y juguetes hápticos. Osease, un puto *Black Mirror*. Podrás crearte un avatar, follar con otros avatares y hasta ser quien quieras ser. Los trans, por ejemplo, podrán verse en el cuerpo que desean.
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