Cada vez que voy a casa de mi padre pasa algo, y hoy ha sido la guinda del pastel: creía que estaba solo en la mansión, cuando me encuentro a la nueva empleada del mes haciendo gimnasia en el salón. El caso es que la chica se lesiona. Y claro, aparezco yo como una especie de héroe que auxilia a una muchacha desvalida. «Tranquila, guapa, que te doy un masaje en ese culo bien formado y en otras zonas erógenas. Todo sea por la recuperación». Total, que la pequeña bomba sexual se recuperó a una velocidad sospechosa. Tan rápido que en menos de lo que canta un gallo pasó de estar lesionada a montarse en mi polla como si fuera un toro mecánico.
Loading…