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Rachel Steele, una de las reinas del porno tabú familiar

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Rachel Steele (una cougar de 63 tacos) lo tuvo clarísimo, montó su propio “chiringuito” (Red MILF Productions) vendiendo fantasías de madrastras, aunque confiesa que la palabra madrastra no le gusta para nada, pero la usa porque los que pagan son unos mojigatos y censuran la palabra «madre». Dice que su misión es crear un espacio seguro para que la gente explore sus fetiches sin sentir vergüenza, porque es lo más buscado en internet y todo el mundo lo mira pero nadie lo admite. Se cree más cineasta que pornoactriz, porque sus escenas tienen principio, nudo y desenlace. Entre sus fantasías más cochinas está tener a dos tíos a su servicio, aunque para correrse de verdad necesita estar solita con su vibrador. También suelta perlas como que el porno es coreografía, no educación sexual, y que ella está aquí para quedarse hasta que la metan en un ataúd. Eso sí, si no fuera pornostar sería coach vegana para salvar el planeta.