Candee Licious era básicamente la Barbie húngara que decidió cambiar la casita de muñecas por los sets de rodaje allá por 2014, recién salida de la adolescencia y con ganas de guerra. La chica, toda naturalidad, sin tatuajes ni tuneos, acumuló más de 150 escenas como quien colecciona cromos; desde encuentros sexuales suaves hasta polvazos épicos no exentos de rudeza. Le daba a casi todos los palos del catálogo, siempre con esa mezcla de carita de ángel y actitud de pervertida con pocos límites. Su hermosa sonrisa y ese acento adorable la convirtieron en una de las favoritas del circuito europeo. En un par de años ya estaba rodando para media industria, desde webs teen hasta productoras hardcore, siempre con el mismo estilo, natural, eficaz y con esa piel que parecía iluminada de fábrica.
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