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Dancing Bear, la difícil vida del stripper masculino

El personal a cargo del estudio Dancing Bear tiene muy buen tacto a la hora de elegir chicas para las despedidas de soltera que, sin pudor alguno, terminan comiéndole el salami del stripper masculino mientras sus amigas se quedan mirando atónitas. La mayoría son guarrillas que aspiran a ser actrices porno (Angelina Valentine o Alexis Fawx hicieron sus pinitos aquí), pero de vez en cuando nos encontramos con alguna animosa que, después de beber alcohol en grandes cantidades, se arma de valor para mamar polla. La conocida web del disfraz de oso bailongo da la oportunidad a mujeres de todas las razas, aspectos físicos, estaturas, color de cabellos, naturales o no naturales, debutantes o con experiencia. Una oportunidad de oro para debutar en la industria de adultos y coger experiencia en esto de follar en un entorno orgiástico.

Sin embargo, pocas veces nos fijamos en los strippers masculinos que son cosificados ante estas marabuntas de señoras y señoritas con ganas de marcha. La mayoría son ciclados de gimnasio que, yendo hasta las cejas de Viagra y vestidos con disfraces de animales, se van desnudando en la despedida de soltera y terminan teniendo sexo oral con las «invitadas» femeninas. Se podría decir que son el reclamo del show para volverlas locas, de ahí que sea imprescindible que sean tíos musculosos con las pollas grandes —suelen untarse el cipote con nata—, marcando paquete en unos calzoncillos minúsculos. Algunos actores famosos como J-Mac y Sean Lawless vienen de allí.

Como es obvio, el espectáculo erótico destinado únicamente a las féminas, termina en una orgía de comer rabos a diestro y siniestro, lo que se dice una bacanal desmadrada, vamos. Mujeres de mediana edad casadas con los penes en la boca que guardarán el secreto como forma de código ético entre damas y quedará oculto ante sus novios, maridos y parejas.

Pero detrás de todo este festival de sexo oral se esconde el verdadero secreto de Dancing Bear. Y es que las apariencias engañan, y aunque de la sensación de que todas las tías están en el ajo, solo unas 4 o 5 han sido las contratadas para mantener relaciones sexuales con los boys. Además, estos locales suelen ser naves en el extrarradio de las ciudades que se alquilan por muy pocos dolares y se rueda la escena en poco más de una hora . Todo ello con medios bastante precarios, un equipo alquilado semiprofesional y un cámara que no tenga reparos en dejarse salpicar por los ánimos calenturientos de la fiesta.

Las actrices debutantes se deberán llevar unos 300 dólares. El sueldo del «oso» estará sobre los 500 dolares y el resto de muchachas que hacen de figurantes no creo que les paguen más que unos 20 pavos y un bocadillo de fiambre por persona. Como hemos dicho, la difícil vida del stripper masculino.