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El calentón sexual resuelto de Scarlett Mae

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Scarlett está tirada en el sofá con el móvil pegado a la oreja y una cara de enfado que se le ve desde el otro extremo de la habitación.

—Tía, no te lo puedes ni imaginar. El muy imbécil ha decidido que hasta el matrimonio nada. ¡Nada! ¿Me estás oyendo? ¡Que no me la va a meter hasta que diga «sí, quiero»! Y yo aquí, que llevo un calentón encima que no me aguanto ni de pie. Necesito una polla que me la meta dura, que me la clave sin piedad, ¿sabes? Que me dé lo que necesito como Dios manda.

Se revuelve en el sofá, se pasa la mano por el pelo y resopla.

—Y lo mejor de todo, lo más grande: ¿quién crees que está más que dispuesto a dármelo tal y como yo quiero? Su mejor amigo. Su puto mejor amigo. Así que ya me dirás tú qué hago, porque yo lo único que sé es que necesito que alguien me la meta y que me la meta ya.