Genna James tiene 29 años, tatuajes a mansalva, y hasta hace un año no se había sacado ni una sola foto en pelotas. Ahora se pasa 10 horas diarias con un wand pegado al clítoris mientras 500 desconocidos se la cascan viéndola. Y dice estar encantada. Estudió finanzas, entró a Yale para estudiar un máster, pero lo mandó todo a la mierda porque el mundo del arte le parecía muy pretencioso. Así que se hizo codueña de una cafetería y ahora vive de que la vean follar. Ella lo llama «tener mi propia empresa del sexo». En la cama es sumisa hasta la médula. De hecho, le encanta que la degraden. Además, le gusta ver a su novio follándose a otras; o sea, como en Wifey, pero a la inversa. Y el dato más curioso: no ve porno, ni siquiera ahora que se dedica a ello.
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