Resulta que el porno no siempre fue ese breve “aquí te pillo y aquí te mato”, donde el repartidor se tira a la madrastra sin mediar palabra. Hubo una época dorada como muchos sabrán, los 70 y 80, donde el X era cine de verdad, con guion, decorados y hasta críticas en el New York Times. Pero llegó Internet y los tube sites y el porno gonzo dominó casi por completo. ¿Para qué rodar una historia con principios y final si el algoritmo premia el «tío, tía, sofá y a cascarla»? Durante quince años el formato rey fue el clip cutre grabado en medio día, sin narrativa, sin arte y sin riesgo. El director pasó a ser un simple cámara y el porno de larga duración quedó más muerto que el porno en DVD.

Pero ojo, que un francés emprendedor llamado Greg Lansky montó Vixen Media Group en 2014. Su locura era hacer porno de lujo, con estética de revista de moda, rodado en villas y con guiones de verdad. Y contra todo pronóstico, le funcionó. Ahora hasta hay una marca llamada Deeper, liderada por Kayden Kross, que se marca cine psicológico con dinámicas de poder, personajes con conflictos internos y planos dignos de autor. La industria le ha llovido premios y ha demostrado que la gente está dispuesta a pagar por algo que no sea el típico polvo de pocos minutos. Eso sí, el clip rápido y gratis sigue siendo el rey del mambo, pero el porno con historia ha vuelto a tener fieles.
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