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Kali Roses mantiene sus elevados niveles de depravación interracial

Hubo una época en la que caímos rendidos ante la belleza albina de Kali Roses, mucho antes de que la starlet de Los Ángeles, mareada por las luces de neón, el dinero y la fama, mutara su cuerpo en una amorfa masa cárnica. Aun así, parece mantenerse en el candelero pornográfico gracias a un nuevo tuneo de pechos y por haber desintegrado cualquier atisbo de autorespeto por su físico. Y es que acaba de entregarse, cual virgen azteca, a la monstruosa entrepierna de Dredd en los aposentos de Jules Jordan. Una hazaña sexual que nos recuerda automáticamente aquella merienda de negros gangbanesca de Blacked donde su popular tatuaje —tiene impreso con tinta su nombre en los muslos— era un simple testigo de la masacre a la que fue sometida su vagina.