Krystal Palmer era una niña buena que pasó de poner sellos en libros y soñar con ser bibliotecaria a abrirse de piernas delante de una cámara. Cuenta que era muy inocente y no descubrió el sexo hasta los 25. O sea, llegó tarde pero con las pilas bien cargadas. Su mayor revelación fue un vibrador en su primera escena que le hizo rozar el cuelo con los dedo. Después de eso ya no hubo vuelta atrás. Ahora se corre una vez al día con su Hitachi y se dedica a tragarse leches y coleccionar creampies porque le resulta fácil y le sienta bien. Eso sí, su culito aún sigue virgen, aunque quiere prepararse para hacerlo ante las cámaras. Apúntatelo en la agenda, pues cuando esta bibliotecaria decida que le rompan el ojete, vas a tener que renovar el carné.
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