Pagas 15 pavos al mes pensando que estás chateando con tu performer favorita de OnlyFans, pero lo más probable es que estés hablando con un estudiante en Benín, un padre soltero filipino cobrando tres dólares la hora. O incluso con un chatbot entrenado para simular deseo. Bienvenido a la economía más íntima del mundo, donde la intimidad es mentira.

Detrás de la pantalla hay un ejército invisible de chatteurs, trabajadores que fingen ser las chicas de las fotos, responden a mensajes y venden contenido con scripts milimétricos, todo para que los fans gasten más dinero. Algunos curran en Madagascar, Filipinas o África Occidental, 8-14 horas al día, siete días a la semana, ganando sueldos ridículos mientras crean la ilusión de que la relación es real. Pura ingeniería emocional industrial.

Y gracias a la IA más rentabilidad. Chatbots que flirtean mejor que los humanos, capaces de gestionar miles de mensajes, duplicar ingresos y reducir costes al 90 %. El fan sigue pagando, creyendo que hay alguien real al otro lado, mientras los humanos ya empiezan a ser reemplazados Los chatteurs no tienen derechos laborales, las agencias se llevan comisiones enormes y OnlyFans se lava las manos cobrando su 20 % sin hacerse responsable de nada. Bienvenido al negocio de la soledad industrializada. Ahora bien, estos vídeos de OnlyFans son cien por cien reales.

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