Mientras la mayoría de los cosplayers se gastan el sueldo en silicona para pistolas de utilería y pasan noches en blanco cosiendo dobladillos solo para que les pidan cuatro fotos en una convención, Octokuro decidió que a toda esa artesanía había que sacarle auténtica rentabilidad y mucho fluido. Esta reina rusa del frikismo adulto es una diseñadora de pura cepa que empezó posando en un estudio industrial helado, embutida en un mono de látex negro y luciendo rastas de colores ácidos, antes de bautizarse como «pulpo negro» y dar el salto definitivo al cine para adultos. Lo suyo es pura ingeniería del pecado; ella misma se fabrica los cuernos, las garras y las armaduras en casa, pero con el detalle técnico de adaptarlo todo para que el disfraz se pueda desarmar en tres segundos en cuanto la escena se pone caliente, evitando así que un accesorio le clave un ojo a su compañero de reparto en pleno apogeo. Y es que esta mujer ha demostrado que tener el control creativo y escribir sus propios guiones la pone casi más que el propio acto. Por supuesto, su físico apabullante ayuda a que la chica se lo gane bien.
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