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Riley Nixon, la pin-up calva: ¿qué fue de la pornostar de la cabeza rapada?

En la industria de adultos solamente ha habido un pequeño puñado de actrices que se han atrevido a llevar la cabeza rapada. Ejemplos únicos como la salvaje Belladonna, una de las primeras en coger la maquinilla y quedarse sin pelo. Más tarde aparecieron exponentes como Joslyn James, Leigh Raven, Eva Angelina o la legendaria checa Veronica Vanoza. Sin embargo, no fue hasta 2016 cuando una primeriza Riley Nixon revolucionó el canon normativo. Su sexy pelo corto fue una variación estética tan refrescante que se convirtió, de la noche a la mañana, en un símbolo de la identidad de género. Casi un fetiche en si mismo.

No fue para menos. La rapada Riley —también conocida como Riley Cruise— tenía 21 años y, a pesar de no tener ni un pelo de tonta (salvo su pelambrera de vello púbico), era una de las starlets más femeninas del circuito. De rostro bellísimo, con el pelo al uno y un precioso físico completamente natural sin rastro de tatuajes, algo extrañísimo en las actrices afiliadas al subgénero del altporn. Y es que la morbosa Riley Nixon se había criado en las dependencias de Burning Angel, estudio centrado en la estética gótica y subcultura de diversas tribus urbanas.

La estrategia con la que su apariencia poco convencional derribó los cánones de la industria fue entregarse a excitantes hazañas anales con James Deen, gangbangs en Dogfart Network y algo de sexo extremo venido de Kink. Demostrando en su filmografía que la apariencia no lo es todo. Pero la verdadera razón con la que se ganó el criterio de la mayoría y se metió en el bolsillo a los más puristas fue por llevar una cabeza pelada sin perder ni un ápice de magnetismo femenino. Una jovencísima belleza estadounidense que lanzaba un mensaje reivindicativo a través de su cabello rasurado.

A partir de su debut en 2016, su hermosa calva siempre jugó un papel crucial frente a la cámara. Un magnético look muy particular que nos sacudió por dentro cuando pasó por Pervcity y se enfrentó a su primera doble penetración. La magia que exudó en aquel vídeo eclipsó por completo las actuaciones masculinas. Mención aparte sus encontronazos con el afroamericano Lexington Steele y su polémico contrato con Vixen Media Group (Tushy y derivados). Un contrato que rompió con las exigencias discriminatorias del glamcore de Blacked por poner por primera vez en la historia a una calvorota adorable como protagonista. Aunque eso sí, con una horrible peluca rubia por exigencias de Greg Lansky, fundador de la compañía.