Según un estudio realizado en Estados Unidos recientemente, nuestras fantasías sexuales no son tan extremas como nos quieren hacer creer los discursos alarmistas. A pesar de la montaña de porno disponible y de la inteligencia artificial generando escenas a medida de cada usuario, la mayoría de la gente sigue fantaseando con cosas bastante sencillas. Lo que más se repite es el trío, seguido de variantes similares, y muy por detrás vienen las prácticas BDSM. También resulta que una buena parte de los hombres fantasean con el romanticismo y sentirse queridos, lo que derriba el mito del macho visual y desconectado de las emociones. Los jóvenes tienden a fantasear con vínculos románticos, mientras que los mayores, ya más asentados en relaciones largas, buscan novedades como el intercambio de parejas. La mayoría fantasea con su pareja actual o gente cercana, apenas un puñado piensa en famosos, y lo que más se desea es simplemente probar algo nuevo o repetir una postura que ya funcionó. Sobre el porno, el estudio admite que influye en ciertos gustos físicos, pero no tiene claro si nos moldea los deseos o solo les pone imágenes a lo que ya llevábamos dentro. Por tanto, la conclusión más bien halagüeña, no vamos hacia ningún colapso de la civilización, solo queremos mejorar un poco nuestra vida sexual.
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