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«1001 Erotic Nights»: cuando el porno aún se rodaba como si fuera «Lawrence de Arabia»

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Año 1982 (el de Naranjito), el porno aún se rodaba en 35mm, con música orquestal, iluminación de Hollywood y actrices a las que se fotografiaba como si fueran dunes del desierto de David Lean. Y en medio de ese mundo, alguien dijo: «¿Y si hacemos Las mil y una noches pero con mucho sexo y un gran presupuesto?» Pues el resultado fue1001 Erotic Nights. Producida por Winters/Lucas, distribuida por Essex Pictures, y anunciada como una peli de un millón de dólares — de lo que no hay ni una puta prueba documental—.

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El sultán Chaka Khan (sí, se llama así, descendiente de Genghis Khan según el guion) consulta a su astrólogo, que básicamente le responde: «Júpiter se mueve a Libra. ¿Bueno? No. ¿Malo? No. ¿Entonces qué? Ni idea, colega.» Con ese nivel de asesoramiento, el hombre decide ir a cabalgar. Y descubre que su esposa se está beneficiando a su general. En lugar de montar un drama conyugal normal, el sultán decide acostarse cada noche con una mujer del harén y matarla por la mañana. Un clásico.

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Scheherezade (Annette Haven) está condenada a morir al amanecer, como todas las mujeres que el sultán se lleva a la cama. Su única forma de salvarse es contarle un cuento cada noche y no terminarlo nunca. Cuando el sultán quiere saber cómo acaba, ella le dice: «mañana te lo cuento». Así se garantiza vivir un día más. Y así, noche tras noche, encadena historias sin final.

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Algunas curiosidades a destacar son la primera aparición de Annette Haven en un travelling lento y suntuoso por su cuerpo desnudo, rodado con mucho mimo. El reparto está compuesto por John Leslie, Lisa De Leeuw, Herschel Savage, Mai Lin, Joey Silvera… Como los Vengadores, pero en versión sábanas. La canción que suena en la escena lésbica es clavadita a White Rabbit de Jefferson Airplane. Los abogados de la banda debieron estar de vacaciones.

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Esta peli se hizo cuando el porno aún aspiraba a ser cine de verdad. Pero justo entonces llegó el VHS, la gente dejó de ir al cine a ver porno y se lo puso en casa, y este tipo de producciones caras empezaron a extinguirse como los dinosaurios. 1001 Erotic Nights es, básicamente, el último rugido de una era.