Olvidaros de los polvos rápidos y rudos tan típicos del porno gonzo, The Thirty Night Stand de Bellesa es una clase magistral sobre cómo convertir la espera en puro morbo. Ryan Mclane lleva semanas saliendo con Jewel Diamant, y aunque ella insiste en “todavía no”, la tensión crece a cada cita, cada beso interrumpido y cada noche que termina con las ganas al borde del colapso. Cuando por fin lo invita a quedarse, la cosa estalla como una puta descarga de deseo contenido, filmada con una calidez que derrite. Es decir, luz tenue, tonos dorados, pasión que se desborda, pieles que transpiran… El polvo dura media hora, pero el ritmo es realista, con nueve minutos de caricias, dieciséis de acción y un final que es pura conexión. La cámara evita el porno coreografiado para los espectadores, ya que los cuerpos se enredan, se tapan, se funden. Importa más sentir, que ver cada uno de los detalles. En definitiva, Bellesa y Jacky St. James filman una escena con sexo explícito que se siente íntimo, sincero y, por supuesto, caliente.
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