Resulta que un día te levantas y te das cuenta de que decir «tío, me la jalo» es de cazurro hoy en día. Por suerte, unos genios de la redacción han desenterrado un diccionario de sinónimos para hablar de sexo sin que parezca que tienes el vocabulario de un macarra de gasolinera. Si tienes un rabo enorme, no digas que tienes una polla grande, di que llevas contigo una pince-monseigneur (palanca del obispo) porque abre todas las puertas como un ladrón. Y si la tienes pequeña, no sufras, eres un scoubidou de sous-officier (nudito de suboficial), que suena más bonito y además explica por qué nunca ascendiste a nada gordo. Y luego están las pajas. En este caso, no digas «me estoy masturbando», di que vas a taquiner le hanneton (tocar el abejorro) o que te vas a astiquer les cuivres, (lustrar el metal) como un señor de los años veinte.

Luego viene lo bueno, que es cuando hay dos. Si te pide que le hagas la vaish no cojas el estropajo, pues te está pidiendo un cunnilingus bien hecho. Si la chica es experta en mamadas, no es una zorra, es una directrice de la grande poste (directora de correos) porque se encarga de todos tus paquetes con eficacia militar. Y si la cosa acaba con un polvo, puedes decir que fuisteis al roudoudou (caramelo), que suena tan tierno que parece que vais a meceros en una nube. Para correrte, nada de chorradas, haz éternuer le cyclope (estornudar al cíclope), y procura no darle en el ojo. En definitiva, ahora puedes quedar como un poeta en la cena de Navidad mientras le sueltas a tu cuñado que te vas a ir a lustrar el metal con la directora de correos. El que no entienda, que se joda.
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