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Karen Lancaume, del éxito del porno europeo al suicidio

Otra leyenda del porno europeo con apellido de marca de cosmética que inundó con sus VHS las estanterías de los videoclubs y copó la programación pornográfica del viernes noche de Canal+. La carrera de la francesa Karen Lancaume, cuyo nombre real fue Karine Bach, estuvo plagada de éxitos y nos dejó un recuerdo imborrable a través de sus 85 películas que grabó a lo largo de su filmografía, incluyendo antologías. Su inigualable mirada lasciva fue su gimmick y seña de identidad, que la ayudó a trascender el porno vintage de los años noventa. Desgraciadamente, su trágico suicidio en 2005 (32 años) la convirtió en una eterna leyenda que siempre será rememorada como una de las mejores estrellas europeas de su generación, toda una diosa ancestral de aquella época que debería ser nombrada Patrimonio de la Humanidad.

Los inicios de Karen Lancaume no fueron fáciles. Nacida en el seno de una familia adinerada de la ciudad de Lyon se convirtió en el espíritu díscolo de la familia, la típica niña malcriada que su padre repudia por no obedecer. Pronto esa rebeldía comenzó a pasarle factura, y el afán de ganar dinero fácil —que su marido Frank fuera DJ de discoteca tampoco ayudó mucho— la llevó por el mal camino, o lo que es lo mismo, a presentarse a un casting del conocido director pornográfico Marc Dorcel.

Pronto, este sabueso del porno europeo olisqueó que tras una apariencia introvertida y apacible se ocultaba una belleza sexual que pedía a gritos salir. Así que fue seleccionada para su primera película porno sin mucha dificultad: «L’indecente Aux Enfers» (1996). Sin embargo, ella puso la condición de que solo follaría con su marido. Por vicisitudes del destino —realmente fue porque su pareja no daba la talla sexualmente frente a la cámara— se divorció y acabó follándose todo lo que se mueve rodando orgías, dobles penetraciones, anales, corridas en su rostro y cualquier práctica sexual que le pidieran.

Pronto su fama se hizo tan grande ni Luca Damiano, ni Alain Payet, ni ningún otro pornógrafo del viejo continente (ni la todopoderosa Private), pudieron contenerla y terminó emigrando a los Estados Unidos para ponerse a las órdenes de los estudios más prestigiosos: Anabolic Video, Wicked Pictures, Elegant Angel, Sin City… Con el paso del tiempo, Lancaume comenzó a sentirse incómoda en el negocio del sexo filmado y las críticas no se hicieron esperar aludiendo a un trato vejatorio después de que se le corrieran en la cara y no le dieran ni una toalla para secarse. Gajes del oficio.

Cansada de la profesión y habiendo sido nominada en varias ocasiones a los Premios Hot D’Or, Karen Lancaume decide retirarse de la pornografía en el año 2000. Las nuevas propuestas no se hicieron esperar y supo aprovechar el éxito recolectado como pornostar para dar el salto al cine comercial y reconvertirse en una actriz convencional. Concretamente con la película de la directora Virginie Despentes «Baise-moi» (2000), una cinta que en España se tituló «Fóllame» y contenías escenas de sexo explícito, ideales para que la starlet francesa hiciera su opera prima.

El caso es que esta «road movie» presentada en el festival de Cannes era una especie de versión porno de Thelma & Louise, con estética anarcopunk y de violencia extrema, que no terminó de cuajar por ser todo un tabú para la época y más que convertirse en el trasvase profesional de Lancaume fue un escándalo a nivel nacional que la marcó de por vida, imposibilitando reciclarse en el séptimo arte.

Desgraciadamente, unos años después de su punto álgido, en 2005, decide quitarse la vida con una sobredosis de pastillas —no sabemos si por los acontecimientos anteriores o por llevar una vida licenciosa—, dejando a medio mundo huérfano de pajas y llorando una de las pérdidas más dolorosas del star system de adultos.