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Kenna James y la gloriosa perversión de una antigua empollona

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Kenna James tiene pinta de vecina encantadora y modales de chica buena, pero detrás de esa fachada de persona aplicada hay una profesional del porno que lleva años demostrando que lo suyo va en serio. De niña era tímida, tenía pocos amigos y se refugiaba en sus profesores y en sus obsesiones nerd: Star Wars, Star Trek, El Señor de los Anillos y videojuegos como Skyrim o Metal Gear Solid. Después llegó el clásico desvío profesional y se convirtió en stripper, webcammer y, finalmente, un agente que la llevó a un rodaje porno. Ella misma supo casi al instante que había encontrado su sitio. Empezó con trabajos entre mujeres y después dio el salto a escenas con hombres. Su debut en ese terreno fue con James Deen, precisamente un actor por el que ya sentía admiración antes de entrar en la industria. Según Kenna, aquella experiencia fue especialmente auténtica y todavía la considera una de sus favoritas. Un reconocimiento importante llegó en 2016, cuando Penthouse la eligió Pet of the Year. Para ella en ese momento fue el mayor honor de su carrera. Ahora bien, algo que no le gusta de su oficio son las interminables horas de rodaje. El resto, según contaba ella misma, le resultaba bastante más fácil, sexo, diálogo y actuación incluidos. En este sentido, cabe destacar que la carrera de esta rubia de aspecto más bien frágil ha ido siempre de menos a más hasta consolidarse como una estrella del porno muy ligada al hardcore, pese a esos inicios frugales en los que solo comía almejas…