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Reseña-review del porno japonés y sus peculiaridades

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Nos hemos llevado una pequeña sorpresa al ver un metraje puramente japonés bajo la distribución de Mylf, donde se puede hacer un estudio sociológico —e incluso antropólogico— de la sexualidad de los nativos del país del sol naciente. Además, la escena no tiene censura alguna, lo que, sin duda, es un valor añadido. La protagonista es una nipona que juega al despiste con los nombres, pues ya ha adoptado un buen número para sus escenas, por lo que es posible que pretenda que no le sigan la pista fácilmente, por aquello del estigma que padecen las chicas de este gremio. Sanae Yokoyama, Minami Wakabayashi o Akina Mochizuki son algunos de los nombres que ha utilizado, tiene 35 años, aunque tanto los japoneses como la japonesas tienen el mismo aspecto a los 20 que a los 40 años.

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En cuanto a la escena, ella va con el coño afeitado —una novedad— y su amante tiene una herramienta poco aparatosa con un buen matojo de pelo abrigándola. Ella tiene una paciencia infinita para calentarlo lentamente durante los preliminares; él pone cara de cordero degollado. Los besos con lengua son de lo más aintiestéticos para el público occidental, pues no hay choque de labios, sino que se entrelazan las lenguas como único contacto bucal, mientras ella masajea la pollita del japo. Todo ello sin prisas, al igual que cuando él le chupa la vulva con los vellos morenos incipientes de la treinteañera. La penetración ya adquiere una dinámica más rítmica, con primeros planos de la “genitalia” velluda y afeitada de ambos. La corrida en la boca de la fémina de ojos rasgados no tarda tanto en llegar como cabría esperar; los muchachos ya estaban bien calientes.