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Sophie Anderson te convierte en el cornudo humillado

Cuando hicimos las presentaciones oportunas con Sophie Anderson nos dimos cuenta de que era una bestia de la silicona asidua a producciones hardcore y afectada de ninfomanía. Rápidamente hicimos un checklist sobre su vida sexual para confirmar así ciertos rumores sobre su fetiche por el sexo público y descubrimos que se folló a pelo a dos desconocidos en una parada de bus, quedando corroborado que es una adicta al ñogo ñogo. Más que nada lo decimos porque con semejante pasado y presente es extraño que la starlet británica haya fichado para un estudio tan mainstream como Brazzers, porque los amos del porno yanki no son muy dados a contratar estrellas con los consabidos alardes de sexualidad extrema.

Vale que el estudio tenga en plantilla a muñecas plastificadas como Amy Andersen o la mismísima Nicolette Shea, pero su efusividad carnal no es ni de lejos tan vulgar ni soez como la de Brístol. Por lo visto la rubia de gigantescas tetas falsas y sonrisa malvada ha sido seleccionada por su modo de trabajo en el que su trasfondo social de los barrios bajos es necesario para aportar un plus óptimo de humillación. Es decir, su utilidad queda demostrada en esta propuesta del subgénero cuckolding en la que el usuario se convierte en el cornudo feliz al más puro estilo POV.