Hunter Schafer dinamita directamente cualquier idea preconcebida sobre el deseo, la belleza o incluso la orientación sexual de quien la mira. Y es que más de uno y más de una se ha quedado mirando sus fotos demasiado tiempo, replanteándose cosas que quizá creían muy claras hasta ese momento.

Modelo, actriz, icono de moda y presencia magnética donde las haya, Hunter juega en esa liga reservada para la gente que convierte cada aparición en una provocación elegante. Tiene algo peligroso, mezcla fragilidad, descaro y una estética que desarma. Y cuando posa sin ropa, el efecto es todavía más salvaje. No hace falta caer en lo explícito para entender por qué internet pierde la cabeza cada vez que aparece una nueva sesión suya.

Su papel como Jules en Euphoria la convirtió en mucho más que un rostro atractivo. Hunter consiguió crear uno de los personajes más magnéticos, vulnerables y explosivos de la televisión reciente, con escenas que mezclan caos emocional, deseo, identidad y una sensibilidad a flor de piel.

De hecho, se ha convertido en una figura que despierta obsesión, debates y fantasías por igual. Hay quien la admira por su talento, quien lo hace por su activismo y quien, sencillamente, no puede apartar la vista de ella. Todo al mismo tiempo, probablemente.

Su atractivo tiene algo ambiguo como el Bowie de los 70, libre y juguetón que incomoda a algunos y fascina a casi todos. Lo suficiente como para que más de uno haya soltado aquello de “igual no soy tan heterosexual como pensaba”.

















Loading…