Se nos fue uno de los reyes del destape, el hombre que convirtió el cine erótico en arte de vanguardia y consiguió que actores de la talla de Helen Mirren, Peter O’Toole o Malcolm McDowell rodaran entre orgías romanas financiadas por el capo de Penthouse.

Tuvo una vida plena y larga. Tinto Brass falleció a los 93 años, y hay que reconocerle el mérito, muy pocos directores pueden presumir de haber rechazado adaptar La naranja mecánica (que acabó en manos de un tal Stanley Kubrick) para dedicarse en cuerpo, alma y cámaras a rodar culos en primer plano.

Su obra cumbre, Calígula (1976), fue un caos tan legendario que Gore Vidal quitó su nombre de los créditos, Brass mandó a tomar por saco la postproducción, y el dueño de Penthouse tuvo que colar escenas hardcore grabadas a escondidas para inflar el taquillazo. El resultado, un clásico de culto insuperable y millones de dólares en la caja.

Se apaga la cámara, pero nos queda el legado de un tipo que hizo del voyeurismo un género de culto y vivió cerca de un siglo haciendo exactamente lo que le dio la gana. Descanse en paz.
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