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Capitán América XXX: ya es tarde para salvar el mundo, ¡así que a follar!

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Durante los últimos años no han sido pocos los aficionados al cine que han terminado hasta el gorro de tíos con mallas salvando el planeta de las malvadas garras de villanos abyectos que acaban sucumbiendo a manos del superhéroe de turno (que se lo digan a Scorsese). Aunque hay excepciones en cuanto a los roles típicos de estas producciones, como en la magnífica serie “The Boys”: una espectacular vuelta de tuerca al mundillo de los superhéroes, dado que, en esta ocasión, la ética de muchos de estos referentes con poderes extraordinarios es nula o está bajo mínimos, con un paralelismo claro a la degradación de los valores del mundo occidental, especialmente en Estados Unidos.

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Ya sabéis, ser un infame hijo de la gran puta malnacido está de moda, es cool. Y hasta estos insufribles acólitos de la inmundicia cuentan con un poderoso marketing propagandístico detrás, aderezado con manipulaciones y bulos a espuertas para intentar enquistar a ese abominable patrón de conducta amoral. Al mismo tiempo, intentar ser bondadoso, buscar la verdad y pensar por uno mismo sin caer en el señuelo digital diario —evitando emular a la plaga de cenutrios imperante que devora algoritmos personalizados, destinados a alimentar el odio al que piensa diferente— se considera de manera despectiva, y los que conforman esta especie de resistencia, se les tilda de idiotas trasnochados, peligrosos zurdos comunistas o, incluso, terroristas, aunque el ramillete de clasificaciones de esta traza, provenientes de esta especie de conjura de lerdos en masa, incluyendo una gran parte de las altas esferas, es ilimitado.

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En fin, ya me he alargado demasiado, pues lo que veníamos a presentar es una parodia de Axel Braun —de quién si no— sobre el Capitán América, con un despliegue de guarradas que demuestran que los trajes ajustados y el látex no sirve para salvar el mundo, pues esto ya no lo endereza ni Dios, sino para disfrutar de los placeres hedonistas practicando sexo como si no hubiera un mañana. Lo cierto es que no lo hay, oiga.