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Sexo tántrico: el arte milenario de follar sin prisa

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El tantrismo es una filosofía india de hace 1.500 años que usa la respiración, la meditación y los sentidos para llegar a un estado de éxtasis total. Ahora bien, eso del «orgasmo tantrico» que te venden como si fuera el subidón de tu vida es verdad a medias. No es que sea el doble de potente, sino que te recorre el cuerpo entero, dura más, y puede llegar sin que te corras ni siquiera con penetración. Digamos que es como una ola, no un petardazo. Se trata de una práctica ideal para realizarla con tu follamiga, pareja o rollo estable. Es decir, no se le hace el tantrismo a nadie, sino que lo atravesáis juntos. Y deja la tontería de que el sexo tiene que acabar en orgasmo o no sirve; en el tantrismo, el camino es el premio. Y cuando dejas de obsesionarte con llegar, a menudo llega de firma mucho más bestia y placentera.

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Así que olvida el repertorio estándar: la penetración, la mamada, el cunnilingus no están prohibidos, pero dejan de ser los protagonistas. Aquí mandan las caricias lentas por todo el cuerpo, las miradas fijas, la respiración sincronizada, la posición de coito sentado y las caricias tramposas, por así llamarlas. Evitas las zonas calientes a propósito para calentar a tu amante (te acercas, te alejas, la excitación sube y baja). El cuerpo entero se convierte en una zona erógena. Y cuando el orgasmo está a punto, frenas, respiras, dejas que baje un poco y vuelves a empezar.

Sexo Tantrico

¿Por qué está de moda en los últimos tiempos? Porque estamos hartos del sexo exprés, de las apps donde eliges cacho como si fuera un catálogo de Amazon, del porno que te ha frito el cerebro, de tener que rendir hasta en la cama. La gente joven folla menos, pero quiere follar mejor. Todo apunta a lo mismo: más calidad. Y es que si te metes de verdad en este enfoque sexual, el polvo deja de ser un polvo y se convierte en algo más grande; una forma de encontrarte, de frenar el puto ritmo frenético, y de recordar que el deseo no es una urgencia que gestionar, sino un territorio donde recrearse.

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