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Sophie Evans, el triunfo de una pornostar húngara asentada en España

Sophie Evans no solo triunfó en el porno americano por sus evidentes raíces húngaras —un impactante cuerpo estilizado con un rostro rabiosamente bello oriundo de Szeged—, sino por haber sabido imprimir su versatilidad sexual en aquel sexo filmado de principios del siglo XXI. No en vano se convirtió en la musa de cabecera de aclamados directores como Andrew Blake y Mario Salieri, que supieron exprimir, con sudor y semen, a la pornostar para rodar un estilo de porno con sometimiento o cierto grado de violencia. La despampanente rubia cumplía con las exigencias del guión por muy salvajes que fueran.

Uno de los ejemplos de actriz centroeuropea que más éxito ha cosechado en su carrera. Una trayectoria en la industria de adultos que ya dura la friolera de 23 años (desde 1997) y cuyos comienzos tímidos se gestaron como modelo de ropa interior, de día, y atrevida stripper de barra, de noche. Aunque para ser sinceros, el punto de inflexión que despertó la bestia sexual que habitaba en ella fue probar en sus carnes los míticos shows de la legendaria Sala Bagdad de Barcelona.

Además, Sophie es una de las starlettes europeas más queridas en España por haber vivido buena parte de su vida en Barcelona (incluso muchos ya no la consideran una actriz extranjera) y haber contraído nupcias en 1998 con el actor porno español Toni Ribas, mucho antes de que éste se casara con la starlet de ascendencia japonesa Asa Akira. Por cierto, Toni sigue dando guerra al otro lado del charco siendo uno de los actores españoles que más sacan a pasear su polla por EE.UU. Tomad nota.

De los números eróticos en directo saltó ipso facto al porno de autor, aunque con bastantes limitaciones sexuales por el mútuo acuerdo del matrimonio de solo poder follar juntos delante de la cámara, aunque su negativa a las relaciones extramatrimoniales no entorpecieron su carrera por mucho tiempo ya que pronto el director español José María Ponce echaría el guante a esta preciosidad del Este para empezar a rodar sus primeras películas para adultos en territorio nacional. Private, Vivid, Evil Angel, Zero Tolerance, Metro, Cumlouder… nada escapaba de su poder físico.

Su palmarés sexual fue publicitado por multitud de revistas del sector (las míticas portadas de LIB), ser un rostro conocido en el FICEB y maestra de ceremonias en el Festival Erótico de Barcelona, grabó más de 300 escenas según IAFD, consiguió ganar 3 premios NINFA, logró tener pequeños papeles en películas de cine convencional como el film de Berlanda «París Tombuctú» y fue una de las primeras starlets húngaras en estar nominada a los AVN Awards 2013 al título de «Menor Actriz Extranjera del Año».

Su divorcio con Toni Ribas fue un varapalo del que no se pudo recomponer del todo, y terminó lastrando su proyección en el oficio del agujero hasta el punto de que en 2007 anunció su retirada como pornostar. Una huida no definitiva pues siempre ha aparecido esporádicamente, y con cuentagotas, en películas de gran calado como «Peeping Nacho» donde aparte de recibir una follada antológica por parte del semental español Nacho Vida, la húngara entró de lleno en la cuarentena al cumplir 40 añazos.

Actualmente Sophie Evans ha estado alimentado su cuenta de OnlyFans con material privado y su vinculación con la interpretación en el cine de las tres equis está tan diluida que este 2020 ni siquiera ha trabajado. Aun así, siempre será recordada como una diosa del Este que vivió en España y que protagonizó uno de los romances más bonitos dentro de la pornografía española.