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Recordamos aquella doble penetración de Bianca Aster

Para hablar de actrices porno que vienen de las calles de la República Checa hay que estar versado en mujeres de gran belleza, de esas que cuando caminan por la calle rompen los cuellos de los hombres. Y es que la biografía que os traemos hoy es la de una expornostar de alto copete, una de las starlet legendarias que se zambulló sin pensárselo dos veces en los difíciles orígenes del porno gonzo de principios de siglo XXI. Estamos hablando de la checa Bianca Aster (también conocida con otros nombres como Rosy Bolton o simplemente como Meridian), toda una diosa del Este que se atrevió a rodar porno crudo en una época donde no hacían exámenes médicos rectales a las valientes.

La filmografía de Bianca está repleta tanto de éxitos como de sexo intenso, múltiples penetraciones (dobles y triples) y orgías grupales tan multitudinarias que pocos hombres sobre la faz de la tierra no han disfrutado de sus húmedos interiores. Si todo esto te sabe a poco deciros que además era uno de los rostros más bellos de aquella loca época donde lo salvaje creaba escuela.

Tan solo tenía 22 primaveras cuando comenzó su andadura en los difíciles vídeos pornográficos europeos del año 2000. No empezó con pollas y corridas directamente, como otras muchas se hizo amiga de las sesiones fotográficas para enseñarnos su cuerpo desnudo en todo su esplendor. Fue portada en multitud de revistas donde su coño era el protagonista, algo que hizo llamar la atención de un tal Gabriello Pontello (el legendario galán francés y actor porno) hasta tal punto de que se enamoró de ella hasta las trancas.

En materia sexual ya tenía los deberes hechos de casa. Tal y como cuenta en algunas entrevistas no le costó demasiado firmar su primer anal porque lo había practicado asiduamente en su vida privada. De ahí la facilidad de dejarse hacer en dobles penetraciones, con una garbó que pocas tenían. Esto hizo llamar la atención de pornógrafos famosos como Pierre Godman, que la incluyó en uno de sus famosos casting para catar su ojete. Una delicatessen al alcance de muy pocos. Tampoco hacía ascos a las copiosas corridas en el careto que recibía por parte de sus compañeros de trabajo. Ni una sola mala cara y cero arcadas por su parte.

Sus escenas míticas se cuentan por decenas, pero si tenemos que destacar una por encima del resto podríamos señalar aquella secuencia anal de “Girls from the Czech Republic” donde Meridian alcanza un extenuante orgasmo involuntario que por casi pierde el conocimiento. Una explosión de placer que solo las starlets que follan como bestias son capaces de disfrutar. A partir de aquí dio todo un recital de marranada fina por toda Europa: fistings, gangbangs cañeras y hasta prácticas algo escatológicas como la lluvia dorada. No había práctica que le pidieran que dijera que no.

Con este palmarés no es de extrañar que su nombre llegará a oídos del mismísimo Rocco Siffredi, el mejor actor porno de la época que exprimía al máximo a sus chicas. Rodó en 1999 junto a Rocco Siffredi la película «Rocco’s True Anal Stories 9», una serie pornográfica que con el paso del tiempo se convertiría en una de las escenas vintage a seguir de lo que debe ser el porno duro. La escena de la piscina junto a Gabriella Kerez marcó un antes y un después en nuestras calenturientas mentes al ser la primera doble penetración de la que muchos pajilleros tienen constancia. Una práctica sexual que por aquel entonces era difícil creer que las pornostars se sometieran voluntariamente a la peculiar marca erótica de Rocco.

Pero no todo iba a ser sexo intenso en la vida de Bianca Aster, también tuvo momentos muy sensuales donde su arrebatadora belleza era la protagonista. Sus escenas con la productora Private son recordadas como vídeos sensuales cargados de erotismo. De hecho colaboraba en producciones bondage de sexo suave y realizaba posados para revistas de distintos nichos. Lo más curioso de todo es que jamás tuvo intención de cruzar el charco para hacer carrera profesional en América, se quedó en el viejo continente sin promocionar su trabajo, con una honestidad encomiable. Después de todo para ella el porno era un trabajo más con el que ganarse la vida y no había porqué presumir.

En resumen Bianca era una de las favoritas de la época para este tipo de porno jodidamente crudo y sin perdón, de las más sexuales (de esas que sudaban sexo por cada poro de su piel) y de las que más transmitían ninfomanía y lujuria con su mirada a través de la cámara. Su rostro enamoraba como para llenarla de fluidos testiculares de la frente a la barbilla. Una lástima que se retirara por culpa de algún capullo que la dejó preñada.


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