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Flashing: un nuevo modelo de exhibicionismo callejero para hombres

Una nueva moda pornográfica está corriendo como la pólvora por internet. Nos referimos a hombres que acuden a sitios donde hay mujeres para luego masturbase frente a ellas. ¿Las reglas del juego? Que sea un lugar público, grabar con el móvil la reacción de las chicas víctimas y posteriormente subir el contenido a una página pornográfica. Esta es la nueva modalidad de exhibicionismo callejero también llamada ‘flashing’ o ‘dickflash’, cada vez más común en España y Latinoamérica y que está creando polémica en las filas del feminismo más recalcitrante.

Lo que muchos desconocen es que el flashing es un movimiento en auge que empezó siendo un subgénero muy residual del porno exhibicionista. Se podría decir que estamos ante la evolucionada técnica del exhibicionista con gabardina. El clásico pervertido que abordaba a las mujeres abriéndose la gabardina cuando alguna pobre incauta pasaba por su lado. Y es que las nuevas tecnologías han trasformado drásticamente la sexualidad del exhibicionista. Ahora el aficionado a esta práctica comparte su experiencia con terceras personas convirtiéndolas en cómplices voyeristas.

Un morbo que ahonda en el deseo de ser visto por los demás, el voyeur capturado. Como decía Antonio Machado: «El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve«. Aquí radica el morbo del asunto. Son las miradas indiscretas femeninas donde se encuentra el más intenso de los deseos masculinos: saber que despiertas deseo sexual a una chica desconocida. Algo que conoce de primera mano el usuario propietario del canal GentlyPerv.

El Urban Dictionary, especialista en jerga sexual, define el término flashing como el acto de revelar tus genitales a otra persona sin que se lo espere. El fin de tal atrevimiento es ver la reacción de las mujeres, un premio muy goloso que te proporciona una gran excitación. Un tipo de acto psicológico que ahonda en la psique masculina al saber que las chicas también disfrutan, pero en secreto.

Como os podéis esperar hay de todo en este tipo de grabaciones, desde la mujer frígida que mira tímidamente y disfruta en secreto mirando el miembro viril sacado por la cremallera, hasta la ofendida que huye espantada como si un pene fuera un monstruo. Por no hablar de las féminas que fingen no enterarse, pero por dentro se excitan sexualmente. Sea como sea, si quieres practicar esta curiosa parafilia bajo tu responsabilidad tendrás que acudir al transporte público, parques, playas o cualquier aglomeración de gente donde puedas pillar a alguien desprevenido. Eso sí, atente a las consecuencias porque puede ser considerado acoso sexual.