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Zara Whites, la pornostar holandesa que revoluciono el porno mundial

Al inicio de la década de los noventa del siglo pasado, unos años antes de llegar la primera generación de starlets del Este que se internacionalizaron gracias a los canales codificados, apareció de la nada una escort de lujo llamada Esther Kooiman que revolucionó el porno gracias a célebres directores como Mario Salieri, Michel Ricaud o Andrew Blake. Ella era la mítica Zara Whites (Rotterdam, 1968), la starlet holandesa que se hizo famosísima por actuar en aquellas fastuosas producciones donde las sesiones golfas se mezclaban con escenarios lujosos y pubis sin depilar.

Quizá la estrella más emblemática que ha parido el triple equis en su historia, llegando a ser modelo de fotos eróticas para Playboy y Hustler y hasta presentadora del «Le Journal du Hard», un programa de Canal+ destinado a la actualidad pornográfica. La que fue la mujer del también actor pornográfico Roberto Malone (el Torbe italiano), grabó la mayoría de sus películas pornográficas entre 1990 y 1992 (según IAFD son 81 pero la mayoría son refritos y compilaciones). Justo después de dejar la profesión más antigua del mundo, la prostitución, legalizada en los Países Bajos y trampolín para el sexo filmado desde sus albores.

Si bien a partir de 1992 comenzó a actuar en series eróticas de la televisión francesa, cual personaje de la novela erótica de «Emmanuelle», durante sus tres años laborales Zara Whites fue la starlet más influyente del porno del viejo continente y una de las pocas actrices que cruzó el Atlántico y consiguió sobrevivir en EE.UU. De esto tiene buena parte de la culpa el director italiano Mario Salieri, que exprimió el potencial de la holandesa y la encumbró a los altares en películas como «Tutta una vita» (1992) y «Potere» (1991). Sin embargo, no fue hasta caer en las manos de Andrew Blake cuando se le metió el gustillo por el sexo filmado y aprendió a domar su legendaria sexualidad.

Pero la bestia de Whites quería crecer y después de participar en películas como «Rêves de Cuir» Europa se le quedó pequeña. De ahí que emigrara a estados Unidos, donde todavía perdura en el imaginario colectivo de las cintas de VHS su excitante monte de venus cubierto de vello público. Fue el gran John Stagliano, «Buttman» para los amigos, quien la consagró a pornostar revolucionaria y figura cumbre de la pornografía internacional gracias a películas como «Buttman’s Ultimate Workout» (1990) y «Buttman’s European Vacation» (1991), donde llegó a ser considerada una delicatessen europea por el look de su potorro.

Curse of the Cat Woman (1991, John Leslie)

Tras un breve receso por motivos personales, volvió a trabajar puntualmente en la industria de adultos en 1993 y 1998, pero reorientando su carrera hacia papeles sexuales en clave softcore. Exceptuando su participación en la película «Dresseuse» (1998) del director Alain Payet, donde Whites utiliza toda su destreza sexual aprendida para meterse de lleno en el hardcore lésbico.

«Descenso al Infierno» (1991, Mario Salieri)

Casi se podría decir que Zara es el resultado de dejar de estudiar en la adolescencia y necesitar dinero para sobrevivir. De ahí que con apenas 18 años se mudara a Paris para ejercer como prostituta de lujo (trabajó en White’s, el mítico prostíbulo de Rotterdam) ante adinerados políticos que, a cambio de favores sexuales, terminaron dándole la nacionalidad francesa. Con el pasaporte en regla y estando el la ciudad del amor no tardó en hacer sus pinitos como azafata en el erótico programa de Telecinco «Ay que Calor». Al menos hasta que llegó su oportunidad ante la máquina fotográfica del porno, en la que demostró tener cierta afinidad para las películas de índole sadomasoquista.

«Secrets» (1990, Andrew Blake)

Pero hay más. La holandesa en América se tuvo que medir las fuerzas contra el potro italiano de Rocco Siffredi en una accidentada sesión de sexo filmado en la que se asombró por el inquietante tamaño de su miembro viril. Y eso que era el debut de Rocco y los nervios estaban a flor e piel. No nos queremos imaginar que hubiera sucedido si el actor hubiera desatado todo su potencial. Menudo desastre.

«Concept By Salieri» (1990, Mario Salieri)