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Porno BDSM: La frontera entre el sexo y la perversión

Porno BDSM

Se puede decir que la frontera entre el porno BDSM y el sexo comercial (el cual está destinado al 99% de los mortales) es una delgada línea que diferencia a los depravados sexuales de los que practican sexo convencional. Y es que no todo hijo de vecino está hecho para poder disfrutar de la pornografía con toques BDSM, un tipo de sexo duro o hardcore difícil de entender por lo vicioso y degenerado que a veces parece a ojos de los poco instruidos.

BDSM es el acrónimo de varias modalidades de juegos eróticos donde los roles son imprescindibles: sadismo y masoquismo (ambas abreviadas como sadomasoquismo), dominación con sumisión y bondage con disciplina. Cada una de estas formas de follar alternativas tiene una particularidad que describiremos a continuación, pero sobre todo y lo más importante en ellas es que siempre ejercerás un rol activo o pasivo según sean tus gustos sexuales. Porque aquí no discriminamos a nadie.

En resumen, podemos matizar sin dudas que se trata de una forma distinta de vivir tu sexualidad mediante una serie de juegos que se salen de lo normativo y políticamente correcto instaurado por nuestra puritana moral.

Diversas modalidades y fantasías eróticas en el porno

La potente industria internacional del porno hace años se puso manos a la obra para dar un hogar a esta imparable contracultura y forma de vivir la sexualidad no normativa. Actualmente son muchos los estudios porno que coquetean abiertamente con este grupo de prácticas sexuales alternativas llegando a grabar vídeos BDSM de varios subgéneros e incluso los promocionan junto a su material más mainstream.

La fetichista Kink, la salvaje Evil Angel o la altporn Burning Angel son solo algunos ejemplos de lo implantado que están estas modalidades y fantasías eróticas no convencionales en la pornografía.

Reglas BDSM para follar adecuadamente

Cada una de estas formas de follar vienen representada por ciertas particularidades que se tienen que cumplir para sumergirte en sus bondades. A continuación, enumeraremos todas y cada una de estas aficiones alternativas al sexo cotidiano.

Bondage

Si te gusta estar atada de manos y pies para convertirte en una sumisa obediente has venido a tu parafilia perfecta. Se trata de la fantasía sexual orientada al gusto por las ataduras. Cuerdas, lazos, sogas y nudos en tu cuerpo mientras estás maniatado esperando el goce carnal.

Relacionado directamente con los roles de persona subordinada y por lo tanto con la disciplina de amos y esclavas (independientemente del sexo) donde los castigos físicos están a la orden del día si eres un chico malo. Cuidado de no convertirte en una mascota en manos de un depravado dueño que quiera ponerte un bozal.

Sadomasoquismo

Lo que comúnmente llamamos porno sado. Todos hemos visto alguna escena donde se busca propiciar dolor en la otra persona para obtener una propia satisfacción sexual. Es por tanto el daño y la tortura los elementos principales con los que juega esta parafilia originada por el Marqués de Sade. Y es que pegar a los demás tiene un componente erótico inseparable de objetos fetichistas como látigos y fustas.

El término masoca o persona a la que le cae una somanta de palos mientras se corre de gusto sería el rol opuesto al sádico, la otra cara de la moneda. Conformando el vínculo inseparable del sadomasoquismo.

Dominación femenina

La dominación femenina (también llamada Femdom) es cuando una mujer que ejerce el rol de dominatrix (responde a nombres como Domina, Mistress o ama) y controla la voluntad de un hombre sumiso. Ambos roles son complementarios y conforman una relación erótica de poder que tiene que estar consensuada por ambas partes.

Es imprescindible que exista el sometimiento y el liderazgo como ejes principales de la fantasía para doblegar la personalidad del esclavo masculino. Todo un mundo de sexo retorcido en el que las feministas más recalcitrantes se relamen los dedos.

Abusos sexuales

Técnicamente los abusos sexuales no entrarían dentro de la clasificación en las prácticas BDSM puesto que no hay consentimiento en un abuso o violación. Quedaría descartada, pero cómo el sexo no tiene fronteras y el porno tampoco, siempre es muy placentero ver como el actor masculino se propasa y bombea con intensidad cualquier orificio de la mujer. Esas brutales folladas que hagan sudad sangre y fluidos siempre serán bienvenidas en la comunidad pornófila.

Fetichismos sexuales

Es muy común que muchos fetichismos sexuales se metan dentro del saco del porno BDSM. Numerosos objetos fetiches se emplean en el cine de adultos como pueden ser esposas y disfraces. Se trata de una cultura que también engloba lo estético, porque al fin y al cabo lo visual nos pone cachondo y eleva el erotismo como máximo exponente del placer.

La relación del BDSM con el porno extremo

Si te gustan las fantasías sexuales moviditas, has venido al subgénero porno indicado.

Seamos francos, la mayoría de escenas XXX de BDSM están directamente relacionadas con prácticas de sexo duro. Se trata de material que engloba maniobras como los azotes, golpes, palmadas, bofetadas, ataduras, abusos y demás inclemencias físicas. Y no solo entran porqué todos los participantes han dado su consenso (es de Perogrullo ya que de lo contrario sería sadismo criminal), sino porque el porno extremo necesita del BDSM tanto como nosotros el oxígeno que respiramos.

Se puede decir que hay una relación sana entre estas dos categorías del sexo filmado, una simbiosis pornográfica natural en la cual se toman prestados varios elementos entre si para ampliar las posibilidades hasta casi el infinito. Por ejemplo, es normal visionar vídeos de pornostars atadas y metidas en mazmorras donde el fetichismo juega un papel primordial. O producciones donde las brutales e intensas folladas vayan en sintonía con collares, actitudes de sumisión y cierta maldad consensuada.

La estética fetichista en el BDSM

La humillación y dolor en el BDSM son tan esenciales como escoger una estética adecuada para interpretar tu rol. Emplear una estética fetichista adecuada cobra una importancia extrema especialmente en las representaciones de dominación y sumisión.

Las posibilidades estéticas son casi infinitas: trajes de látex y cuero, látigos, fustas, vestimentas cosplay, máscaras, corsé, vinilo, medias, tacones y toda clase de ropa de código. En este mundillo la vestimenta es parte fundamental del juego teniendo fuertes connotaciones sexuales.

Cuando las perversiones sexuales se normalizan

Vivimos en la época donde el BDSM más se ha expandido y más público de todo el mundo ha captado. Incluso se han filmado películas convencionales donde los protagonistas coquetean con estas modalidades no convencionales de practicar sexo. El ejemplo de “50 Sombras de Grey” y su secuela es el éxito y confirmación de que el público se está abriendo a distintas formas de follar y que lo que eran perversas prácticas sexuales lo han dejado de ser.

Atrás quedó eso de taparse con la sábana y apagar la luz para echar un triste polvo un sábado por la noche.